Posteado por: Alejandro Tortolini | Julio 14, 2009

La generación ni-ni

El domingo, además de comprar el Perfil como todos los domingos, me tenté con la tapa del Crítica. El título anunciaba: “Generación ni-ni: ni estudia, ni trabaja, ni proyecta”

Ya en casa la empecé a leer, y me llevé una agradable sorpresa: la interesante nota de Tamara Smerling estaba escrita a partir de la investigación que habían hecho un par de amigos sociólogos: Mariel Romero y Guillermo Pérez Sosto, esposos para más señas.

Conozco a Mariel y a Guillermo desde fines de los años setenta, y desde entonces sé de su capacidad y de la calidad de su producción.

La nota comienza con la contundencia de un mazazo: “”Me levanto, toco la guitarra, después desayuno; si tengo que trabajar, me ocupo de esa obligación; hago la limpieza del hogar y me baño, escucho música, salgo a caminar por el barrio, almuerzo, escribo, tomo nota de la vida misma, consumo algún estupefaciente, me acuesto a dormir”, escribe un chico acerca de cómo es un día cualquiera de su vida. Se trata de uno de los 900.000 jóvenes de la llamada generación ni-ni: jóvenes que ni estudian, ni trabajan, ni buscan empleo.” Terrible.

Smerling desgrana una a una las cifras que nos deberían quitar el sueño: de los seis millones de adolescentes y jóvenes adultos, dos de cada diez no tienen ganas de nada. Son miles de esperanzas que no serán, miles de vidas que serán vividas no como vida, sino como duración.

Este drama es el resultado del terremoto en cámara lenta que fue la década de los noventa, donde las recetas neoliberales destruyeron el aparato productivo argentino, y crearon generaciones de jóvenes que vieron que el esfuerzo que habían hecho sus padres sólo servía para sobrevivir, y mal.

Mientras lo leía, recordé este artículo del filósofo Tomás Abraham, publicado en Perfil. En él, Abraham habla con los jóvenes que no conocieron la cultura del esfuerzo, y se pregunta cómo recuperarla.

Ambos artículos nos obligan a pensar en nuestra responsabilidad como mayores. Durante mucho tiempo hemos dejado que los pícaros de siempre se divirtieran a costa del futuro de nuestros hijos.

¿Aprenderemos alguna vez a cambiar las cosas civilizadamente?


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías