In memoriam Marcelo Mattioli 1959 – 2010

Anoche falleció mi amigo Marcelo Mattioli, y no puedo creerlo todavía.
Un maldito cáncer se lo llevó rápidamente, sin darnos tiempo a alimentar la esperanza de un milagro.

Conocí a Marcelo a los 9 años, en el quinto grado de la escuela, y enseguida nos hicimos amigos.

Nos hicimos inseparables. Ibamos mucho a su casa. Toda su familia era buena gente; Marcelo era el menor y el mimado de todos. Compartía habitación con su hermano Angel; yo los envidiaba porque la tenían decorada con posters de músicos y afiches de películas de terror.

Gracias a Marcelo y sus hermanos conocí muchas cosas hermosas: el naciente rock nacional, la revista Pelo, el humor de Mafalda, los primeros discos de Les Luthiers…

Crecimos juntos, y pasamos todas las etapas de los chicos: juntar figuritas, vivir en la plaza jugando a la pelota, el crecimiento desgarbado, la timidez frente a las chicas, el iniciar y terminar rápidamente colecciones de cualquier cosa…

Terminamos la secundaria y comenzamos a trabajar en el mismo colegio donde habíamos estudiado, él en la Biblioteca y yo como preceptor. Y ahí empezaron los golpes en su vida: la muerte de su admirado hermano Angel por una meningitis fulminante. Todavía recuerdo cuando vino a contármelo llorando: a mis 18 años no supe qué decirle, y todavía me da vergüenza recordarlo. Por suerte estaba allí el Padre Rougés, que había sido nuestro consejero espiritual en la escuela, y con palabras sabias pudo ayudarlo a aliviar el peso de la pena.

Años después cambiamos de trabajo y tomamos rumbos distintos, pero siempre cerca el uno del otro.

Vinieron noviazgos y casamientos, y la hermosa aventura de formar familias. Con María Eugenia conoció la felicidad y tuvo dos hijas maravillosas que le alegraron el alma. Pero los golpes en su vida siguieron: a la muerte de su papá (don Domingo, un tipo fenómeno) se sumó fallecimiento de su hermana Virginia y de su mamá.

Siempre fue un tipo callado, sufrido, con un corazón grande como una casa. Cada tanto nos veíamos, y charlábamos como si no hubieran pasado tiempos ni distancias.

Hasta que hace poco un amigo me dió la mala noticia: “Estoy en el horno”, le había dicho. Después vino la internación, una cierta mejora y esta semana pasada el regreso a su casa, que permitía alentar una tibia esperanza.

Pero no. Ayer el mensaje de otra internación, ahora de urgencia, y la incertidumbre que se terminó sólo al cabo de una hora, cuando Juan Carlos llamó para avisar que Marcelo había fallecido.

Todavía me parece mentira. No puedo creer que se haya ido. Y sobre todo me cuesta creer que esté escribiendo estas pobres líneas, que no le harán justicia.

Ayer se fue un gran tipo. El mundo está un poco más pobre.

Acerca de Alejandro Tortolini

Docente, investigador, curioso empedernido.
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5 respuestas a In memoriam Marcelo Mattioli 1959 – 2010

  1. Graciela dijo:

    Si, le hás hecho justicia…De donde vienen estas lindas palavras y recuedos si nó de una verdadera amistad?
    Momentos así nos pacerem increíbles, pero en verdad la vida siempre encuentra una manera de proseguir…Entonces el sigue así como lo haremos nosotros en algum momento.
    Tuvistes suerte en conocerlo en este simples minuto de una infinita existencia y repartir de todo lo que una vida puede enseñar.Eso és lo que importa. Y que ‘ tipo’ de suerte fué Marcelo Mattioli por haver tenido un gran amigo com usted .
    Fuerza!

    • Alejandro Tortolini dijo:

      Muchas gracias por tus palabras, Graciela.
      Es cierto, Marcelo fue un gran amigo que dejó una marca imborrable en todos los que tuvimos la suerte de conocerlo.

      Alejandro.

    • Alejandro Tortolini dijo:

      Gracias por tus palabras, Graciela. Un abrazo.

      Alejandro.

  2. Enrique dijo:

    Alejandro:

    A veces nos llevan de las narices los despelotes cotidianos, y quedamos tontamente afuera de cosas importantes por estar distraídos con tantas pequeñeces.

    Recién entro al blog y veo este post, y lamenté mucho darme cuenta recién hoy de esta perdida y de tu homenaje, tan emotivo y amiguero, si me permitís la expresión.

    Espero que en este sentido homenaje al amigo que se fue hayas encontrado el alivio para sobrellevar la pérdida. Lo siento mucho, amigo.

    Un fuerte abrazo,

    Quique

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